En "Frágil" no hay personajes, hay presencias: un cuerpo viejo que resiste frente a los embates de 'el otro' (la sociedad), que insiste en ordenarlo y reducirlo para domesticar la vejez o borrar su presencia. Pero el cuerpo viejo no responde con palabras, sino con movimiento. Cada gesto es una refutación. Cada respiración, una declaración política. La fragilidad deja de ser un estado de debilidad para convertirse en un lugar de fuerza, de verdad y de rebeldía. Porque "Frágil" no busca provocar lástima ni ternura, sino hacer visible lo que nuestra época entierra bajo la palabra 'cuidado'.
Inspirada en los lenguajes de la danza y el teatro físico contemporáneo, a medio camino entre el ritual y la poesía desgastada, "Frágil" propone una escena mínima y esencial donde la silla ese objeto cotidiano se vuelve altar, celda, refugio, ruina y raíz. "Porque hay cuerpos que se sientan para desaparecer y cuerpos que se sientan para permanecer; y esta es la historia de uno que, sin decirlo, eligió quedarse".
